¿Cómo me entreno para el cambio?

Biología y lenguaje 

Según Maturana los seres humanos estamos “determinados por la biología“. Me surge preguntar entonces ¿qué parte de ella es la que determina nuestras posibilidades?, ¿está en mi cuerpo esta habilidad?, ¿tengo el poder de tomar una y reemplazarla por otra?… ¿cuál es ese músculo que debo entrenar?.

La filosofía del lenguaje planteada por J. L. Austin dice que el “lenguaje genera realidad“, y cuando hablamos no solo describimos la realidad si no que también actuamos en ella. Por su naturaleza ejecutante resulta necesario recalcar que el que habla actúa en él y a su vez lo hace en su entorno. Sin embargo parece que no todo se resume con esta acción.

Durante un tiempo leí sobre comunicación desde la vereda del cuerpo y su forma de moverse, de interactuar con un otro, de integrarse y retraerse en un contexto determinado. “La comunicación no verbal” genera realidades de las cuales a veces no somos tan consientes. Un ejemplo de ello es el caso de los impulsos, esos primitivos, esos que nos meten en problemas y también aquellos que resuelven situaciones.

La propuesta ontológica

La propuesta Ontológica de Rafael Echeverría nos dice que el hombre como especie “es un ser conversacional” donde converge lenguaje, emoción y cuerpo: una triada reveladora. Es aquí donde el coaching nos ofrece amplias opciones de intervención. Espacio donde se abren esas las posibilidades que están determinadas por la biología. Tres caminos iluminados por la transformación.

Las emociones nos ofrecen posibilidades de acción interesantes de explorar. Históricamente el ser humano ha intentado explicar su existencia desde la ciencia como “seres racionales“, acordando una serie investigaciones empíricas para demostrar como funcionamos en diversos sistemas. Hoy el paradigma científico tiene una línea colmada de oportunidades que radican en la neurociencia y otras similares… y que al parecer es un medio validado, a diferencia de los “instintos” que permanecen segregados a otros pasajes y cuestiones de la vida.

Inevitablemente va cambiando la forma en como los seres humanos creemos ser, cambiamos la piel como una serpiente, “… cambia también lo profundo” dice Violeta Parra… Cambian las generaciones y sus paradigmas. Podemos asegurar que no seremos los mismos al terminar este año, o este mes, inevitablemente nos transformamos. El que quiera permanecer inmutable cuéntenle que el mundo no se detiene para él.

Hay un sesgo de “culpa” y “destino” en el párrafo anterior; sin embargo, es que interpretamos constantemente la realidad, la vamos regenerando, mutando, ampliando. Es a esta “interpretación” la que se lleva todos los méritos del cambio. Incluso podría decir que usted lector(a) no será el(la) mismo(a) cuando termine de leer este post (cambio que solo forma parte de mis ambiciosas fantasías).

¿Cuál es el músculo que debo entrenar para determinar mis posibilidades?

Prefiero hablar de “habilitar” más que “determinar”, sucede que mi lógica ve el presente y el futuro flexible, relativo, y no determinado. Siendo así, la pregunta debiera ser:

¿Qué parte de mi biología debo entrenar para habilitar las posibilidades de acción?

Al parecer es un conjunto de cosas. Personalmente he ocupado tiempo en engordar mi mente y lenguaje (desconozco aún si ha sido con éxito o no…), sin embargo las lecturas y conversaciones me empujan hacia la aventura del cuerpo y las emociones hoy en día.

Es interesante, desde el coaching, comenzar a indagar verticalmente para ir revelando aquello que puede estar entrampando mis posibilidades de acción, aquello de lo que he sido esclavo por años, una idea incompleta de mi propia identidad, una impresión sin fundamento que he alimentado constantemente, un juicio que no se puede sostener más en el tiempo… El poder de la pregunta nos habilita para el cambio. La pregunta nos habilita la posibilidad de interpretar la realidad con otro cuerpo, con otras palabras, con otras emociones.

Cuando se habla de transformación, la imagen metafórica inmediata que viene a mi cabeza es la metamorfosys y sus escabrosos eventos. Los seres humanos transformamos permanentemente nuestra biología, nuestra realidad, nuestras acciones. Dando la vuelta en espiral, completando una una sola entidad, un solo músculo que entrenar.

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